Mi cintura ya no alcanza, ya no tengo capacidad de resistirme, y es tu piel que arde como el fuego que pega contra mi helada piel, tu cabello que se arremolina en mis dedos y no existe nada más en el espacio que tus besos, tu locura, y yo.
Y aparece la necesidad y el deseo, ese que no deja pensar más allá de tu piel, aquel deseo que se funde al amor, y las ganas de darte placer, de que me lo des, en un efecto recíproco y hermoso.
El viento se lleva la cordura, y estamos desnudos frente a un precipicio, y sabes que quiero lanzarme, pero prefieres esperar, prefieres hacerme esperar, enloquecerme hasta el punto de pedir, suplicar.
¡Ahora!
Y mi carne se abre para darte la bienvenida, es tu aliento en mi rostro y tu mirada dulce llena de placer, es mi garganta que no reprime el gemido.
Me sujetas a tu cuerpo y sé que soy tuya, sé que sabes que me encanta ser tuya, y es el ritmo que mueve la carne.
Una y otra vez hasta que todo parece querer explotar, una burbuja tan frágil que un simple suspiro parece querer desarmarla.
Te amo.
Y es el placer íntimo que estalla, el orgasmo que no se hizo esperar y llegó junto al mar que plantaste dentro de mi, a tus brazos que se aferran a mi cuerpo y ese placer de los dos, el placer que nos hace una persona.
Te amo tanto...