Destruir un corazón, intoxicar un cuerpo, romper las ideas. Basta. Somos tierra, estamos tóxicos.
jueves, 10 de marzo de 2011
Hurts
Varios aces de luces cruzaban a través de las ramas y mostraban los detalles de cada cortaza marcada y lastimada.
Quien tuviese un oído agudo, podría oír a las mínimas criaturas que habitaban allí, tan felices, disfrutando de la inmensidad.
Lo único desubicado, el único roce poco natural, era el de mis zapatos al golpear con el barro, era el sonido de las rasgaduras de mi vestido contra las ramas bajas, mientras corría hacia el centro del bosque, hacia la nada, escapando… Y es que un corsette no es una buena herramienta cuando corres a través de un frío bosque, y los pequeños alambres se te clavan en las costillas como miles de los alfileres helados.
Y mi cabello, tan prolijamente levantado se enganchaba entre las ramas, estaba en la parte más salvaje del bosque, y me pellizcaba la piel, podía oír los caballos detrás de mi; se oían como bestias salvajes corriendo tras una preciada presa, se oían enormes.
Las lágrimas nublaban mi vista, parpadee y cayeron, cayeron lágrimas, todas juntas, y tropecé, y caí, y me acurruqué en la hierba.
Y duele, duele la respiración ajustada a un corsette opresor, duele el cabello tirante, y los pies adoloridos; pero más dolía, el huir así.
No huyo de nadie, huyo de mi misma.
No quiero estar en un lugar donde cada detalle me recuerda… no quiero vivir en un recuerdo y en un deseo que nunca sucederá.
Traté de arrancarme el corsette, pero fallé, y mis uñas se cortaron en pedacitos del esfuerzo…
Y duele.
¿Por qué tan de pronto había llegado la noche? No veía nada más allá de mis manos, por la poca luz que se filtraba por entre la copa de los árboles. Me acurruqué sobre mi vestido, y cerré los ojos, las últimas lágrimas cayeron… y no sé como, no se porque, mis ojos no volvieron a abrirse.
Y los caballos nunca más volvieron a escucharse.
miércoles, 9 de febrero de 2011
Amantes
Me relamí los labios, ante la esencia de lo prohibido, mis brazos se aferraron a su cuerpo, enterrando su rostro en mi cuello y mis pechos. Él buscó mis labios, y yo ya no tenía fuerzas ni control para negárselos.
Todo aquello era inmoral, no éramos más que amantes dándole la espalda a lo correcto, no había colores en aquella habitación, ni texturas o aromas, que no fuesen de mi amante, nada más importaba.
Sus labios contra mi piel desnuda, dejaban besos desesperados que mostraban cuánto habíamos esperado por aquello, sus caricias abrasadoras que apretaban mi piel con rudeza, como si intentasen todo el tiempo cerciorarse de que soy real, y sus besos en mis labios, sus dientes en mi piel, en mi cuello… / Come de mí, come de mi carne / y no puedo despejar mi mente, no existe nada más que su cuerpo, erguido sobre mi, buscando ser arropado, sus gemidos en respuesta de los míos…
Te amo, te amo, te amo, no importa cuan incorrecto sea todo esto, sus labios se apretaron con los míos nuevamente, quizás esperando una confirmación a lo que estábamos apunto de hacer… el punto máximo.
Un movimiento ligero, una embestida, la sonrisa en tus labios, el poco pudor de mi boca… Es toda su piel extendida sobre la mía.
Mi cuerpo se fundió al suyo; sinceramente muchas veces había fantaseado con aquello, pero mi mente no había tomado en cuenta detalles como su aliento en mi rostro, sus dedos enredados en mi cabello, sus caricias…
/Dulce tan dulce/
Inspiración: Soda Stereo.